Autor: Jorge Bucay
Cuentan que, en una isla, vivían todas las emociones humanas. Vivía ahí la misericordia y el miedo, el amor y el odio, vivía también la sabiduría, el conocimiento, la previsión, la vanidad, la tristeza, todas vivían en esa isla.
Un día la sabiduría reunió a todos los habitantes de la isla y les dijo "señoras y señores, tengo una mala noticia para darles, la isla se hunde, esta isla va a desaparecer para siempre y aquellos que no la abandonen, desaparecerán también del corazón del hombre por toda la eternidad". Todos se angustiaron, preguntaron ¿Estás segura sabiduría? ¿No puede haber error? La sabiduría dijo "yo nunca me equivoco". ¿Y entonces qué hacemos? La sabiduría contestó "bueno, ustedes deberían dedicarse a construir algún barco, algún bote, alguna balsa que los lleve hacia otra isla. La previsión y yo, ya hemos construido un avión y apenas termine de decir esto, volaremos a la otra isla". Y así fue, llevaron como polisón al miedo que como no es tonto, ya se había escondido en el avión. La sabiduría y la previsión volaron de la isla y todos se dedicaron a construir alguna manera de dejar el lugar.
Nadie quería desaparecer para siempre, todos menos el amor, porque el amor pensó "¿Cómo dejar este lugar? Después de tantas cosas vividas, después de tantas cosas sentidas" y volvió a subir a cada árbol y a oler cada flor y fue hasta la playa y se revolcó en la arena como tantas veces había hecho, y fue a cada cueva, a cada rincón de la isla y en un momento prefirió pensar que quizá la isla se hundía por un momento, pero luego resurgía y volvía a ser la isla que él había conocido, pero como respuesta, la isla de un cimbronazo, se hundió bastante más.
El amor, se dio cuenta que por no construir un barco, iba a desaparecer, el amor iba a desaparecer para siempre, así que, fue hasta la bahía, el lugar más elevado de la isla, pensó en pedir ayuda a alguno de sus compañeros y compañeras y vio venir el barco de la riqueza, un barco enorme y lujoso, le dijo "riqueza, soy yo, el amor, ¿Te acuerdas de mí? Sálvame, no tengo barco, la avaricia respondió "yo te salvaría, pero la verdad es que tengo el barco lleno de riquezas, lleno de oro, lleno de joyas, lleno de dinero y no hay espacio para ti y se fue. El amor vio venir el barco de la vanidad, un barco lleno de telas, de colores y de luces. le dijo "vanidad, sálvame", la vanidad contestó "yo te salvaría, pero mira tu aspecto, estás todo sucio y lloroso, afearías mi barco, no no quiero llevarte conmigo" y se fue. Y por fin, vio pasar un bote muy pequeñito, era el bote de la tristeza, le dijo "tristeza, hermana, sálvame" la tristeza le dijo "te llevaría de buena obra, pero estoy tan triste que prefiero estar sola" y se marchó.
El amor se sentó a llorar, no quería privar al mundo de sí mismo y entonces escuchó de pronto que alguien lo llamaba, giró la cabeza y vio un viejito que le hacia señas para que se acercara, el amor se acercó y le dijo "por favor, no hice barco" el viejo, le tapó la boca "sube, yo te comprendo, yo te salvo". El amor subió al bote del viejo y empezaron a remar para alejarse de la isla que unos minutos después terminó de hundirse. El amor se dio cuenta que gracias a ese viejo se había salvado, que el amor iba a seguir existiendo en el universo gracias a ese viejito. Llegaron a la isla de al lado, y sin decir una palabra, el viejo desapareció.
El amor, se cruzó con la sabiduría y le dijo "oye, me ha salvado un viejo al que yo ni siquiera conozco, ¿Quién es?" Entonces la sabiduría le dijo "ese viejo, es el tiempo, porque el tiempo es el único que puede salvar al amor que sufre una pérdida".


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